La biomasa forestal hoy; no significa quemar leña en una hoguera, ni la deforestación de nuestros bosques.

La biomasa una historia muy larga

La humanidad lleva aprovechando la biomasa para cubrir sus necesidades energéticas (cocinar, calentarse, iluminar, en las industrias, etc.) desde hace milenios. Y aunque aún hoy en algunos lugares, se sigue utilizando mediante los mismos procedimientos que cuando se descubrió el fuego, lo cierto es; que las tecnologías para su aprovechamiento han ido evolucionando.

La forma de obtener la materia prima, su transformación para su aprovechamiento, y las tecnologías para su combustión nada tienen que ver las actualmente existentes con las de hace milenios, siglos, incluso hace un par de décadas en algunos casos. La enorme variedad de formas de aprovechamiento de la biomasa hace que convivan tecnologías que poco tiene que ver unas con otras. Como la poco eficiente y tradicional quema de leña en una hoguera, el uso de biocombustibles y biogás; y los pellets de madera para su uso en modernas estufas y calderas de alta eficiencia.

Que el conjunto de todas estas tecnologías se denomine de forma genérica, biomasa; da lugar tanto a confusiones, como a un uso “algo” malintencionado para desprestigiar a estas tecnologías más modernas y eficientes, que compiten con otras fuentes de energías en garantía de calidad, precio y sostenibilidad medioambiental.

El calor del sol seguramente sería la primera fuente que aprovecharían los primeros humanos para calentarse. El viento se ha utilizado durante miles de años para transportarse por vías marítimas y fluviales, y durante siglos para moler el grano. Incluso en aquellos lugares donde estaba disponible, se aprovecharían del calor que emanase de las entrañas de la tierra. Lo que es seguro, es que a nadie se le ocurriría hoy confundir estas formas de aprovechamiento arcaicas, con la tecnología fotovoltaica, la termosolar, eólica o geotérmica de las que disponemos hoy en día.

Con las tecnologías actuales de aprovechamiento de la biomasa forestal debería pasar lo mismo. Aunque no siempre es así. Ni la eficiencia, ni las emisiones, ni la comodidad y facilidad de uso; son las mismas que con los usos más tradicionales de la biomasa.

El problema muchas veces está en que la información, estadísticas, medios de comunicación, e incluso en estudios más avanzados que llegan a la sociedad, y terminan metiendo en un único saco todas las tecnologías de aprovechamiento de la biomasa. Y solo en algunas ocasiones se desligan los biocombustibles o biogases, o aquellas que aprovechan los residuos sólidos urbanos.

La biomasa forestal, ¿una fuente de energía renovables, limpia, 0 emisiones, sostenible?

En la mayoría de los casos, la percepción que se tiene de la biomasa forestal moderna es confusa, mezclándola con modos de usos obsoletos, con la diversidad de materia primas disponibles y las diferentes tecnologías existentes.

Que la biomasa forestal es una fuente renovable, pocos lo cuestionan; asumiendo tal como sucede en la realidad, que los bosques son gestionados de forma sostenible, y que su aprovechamiento conlleva la regeneración e incluso el crecimiento de los bosques de donde se obtiene la materia prima. La deforestación, que en muchos casos se saca a relucir cuando hablamos de biomasa, en aquellos lugares en los que sucede; se debe principalmente a la búsqueda del cambio de uso del terreno (pastos, uso agrícola, urbanización, etc.) o al propio abandono. El aprovechamiento maderero y de biomasa, busca siempre mantener su fuente de materia prima y riqueza.

Otras denominaciones habituales cuando se habla de energías son, energía limpia o emisiones 0. Es aquí, donde quizás es necesario incidir más en su significado, ya que no existe una definición universal, y aunque la propia denominación parece un absoluto, la realidad es que son términos relativos.

En el primer caso, energía limpia, seria aquella que no generan residuos o, mejor dicho; dado que todas las formas de aprovechamiento generan residuos en algún punto de su cadena, estos son debidamente gestionados. Aquí nos encontraríamos con que según que fuente de energía o tecnología de aprovechamiento, estas generan más o menos residuos, que suponen un mayor o menor riesgo (medioambiental), y unas son más fáciles de gestionar que otras.

Con la tecnología adecuada y recursos económicos suficientes, incluso las fuentes de energías fósiles, y las más contaminantes; podrían teóricamente gestionar sus residuos. Aunque su eficiencia y coste las harían inasumibles.

Lo que de verdad nos encontramos es que unas fuentes son más limpias que otras, sin que en la actualidad exista una fuente de energía renovable o no, en que todos sus residuos o emisiones asociadas sean gestionadas de forma completamente “limpia” o que estos sean reutilizados al 100%. Por otra parte, si se contabilizan las emisiones a lo largo de todo el ciclo de vida (minería, transporte, emisiones en la fabricación, emisiones in situ, etc.) de cualquier tecnología de aprovechamiento energético, hoy por hoy no existen fuentes con emisiones 0; aunque estas cada vez son más reducidas.

En el caso de la biomasa forestal en general, y en los pellets de madera en particular, los residuos de la propia biomasa a lo largo de su transformación son nulos, incluido las cenizas generadas que son en realidad un subproducto reutilizable como abono. Por tanto, los únicos residuos son los asociados a la fabricación y fin de la vida útil, de los equipos y sistemas utilizados en la transformación y aprovechamiento final de la biomasa forestal.

En cuanto a los valores de las emisiones globales (no solo del CO2) asociadas a las biomasas, estas difieren enormemente en función de las formas de aprovechamiento y tecnologías utilizadas. La utilización de una denominación global de biomasa, por tanto, no permite destacar las altas eficiencias y bajas emisiones de los modernos equipos de pellets, por ejemplo, que significan más de un 80% de reducción de emisiones con respeto a tecnologías ya obsoletas.  La tecnología de fabricación de estufas y calderas de pellets ha avanzado enormemente, existiendo equipos que, consumiendo pellets de madera certificados, sus emisiones se encuentran muy por debajo de los requisitos que se han comenzado o se van a comenzar a exigir con los nuevos reglamentos más estrictos de ECODISEÑO.

Sin embargo, el consumo de pellets de madera en equipos modernos, una de las formas más eficientes y con menos emisiones, representa un muy bajo porcentaje del consumo global de biomasa, que a su vez es la energía renovable más utilizada. En Europa, los pellets de madera para uso térmico solo representan el 10% del consumo global de biomasa para usos térmicos. En España este valor está por debajo del 5%, frente a otros países como Italia que superan el 17%. Confundir las diferentes formas de aprovechamiento de la biomasa, y de la biomasa forestal es un error demasiado generalizado, que no permite ver el potencial existente en las tecnologías más eficientes y con menos emisiones, como son los pellets de madera.

Un debate habitual sobre la biomasa y sus emisiones es su consideración como una tecnología neutra en carbono. Lo que conlleva siempre en el caso de la biomasa forestal, la regeneración de los arboles que se han talado Ex profeso, para la obtención de biomasa entre otros recursos. Pero la compensación de las emisiones de la biomasa forestal no solo se hace con respecto a la reposición del árbol talado, sino que se ha de tener en cuenta el conjunto de la superficie forestal gestionada. Este bosque gestionado de donde se obtiene tanto la biomasa como otros productos forestales no solo mejora la calidad y capacidad como sumidero de carbono, si no que evita incendios, y apuntalan el importante papel que juegan los bosques en el ciclo del agua.

El bosque gestionado de forma sostenible necesita de la valoración de la biomasa forestal obtenida como subproductos de las actuaciones silvícolas, que son necesarias tanto para el mantenimiento y crecimiento del bosque, como para la obtención de productos de alto valor que proporcionan un mayor secuestro de carbono a largo plazo.

Los pellets de madera certificado se posicionan así, como la forma de aprovechamiento de esta biomasa forestal generada, más sostenible medioambientalmente en conjunción con las estufas y calderas más modernas y eficientes. A lo que se le une la sostenibilidad económica por coste y generación y distribución de riqueza.

 

Fernando Hernández Cuadra

Secretario técnico de Apropellets y consultor energético